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Cuanto más deseo, más vacío me siento,
Apetito sin tino, pasión sin freno,
Deslumbramiento cegador, cenizas sin consuelo.
Deseo sin control, desespero sin recompensa,
El fruto consumido ya no genera anhelo,
Será negado, será enterrado; pasando al olvido.
Entereza arraigada, honestidad sublime,
Belleza emanando de la rectitud,
Equilibrio en proyección,
Todo proyecto de vida es lealtad,
Todo comienzo vital es ingravidez,
Todo final es reconciliación,
La calma ante la catástrofe es bienvenida,
Son deseos de una conformidad obligada y difunta,
Ríos de zozobra despeñándose por avenidas.
Vestíbulos de quietud, resquicios de transcendencia,
Aberturas a otros mundos de harmonía y gloria divina,
Oquedades en aguas profundas.
Sosiego interior, odas marinas,
Honestidad, moderación y autodisciplina,
Bienes materiales, pergeñando una ilusoria fortuna.
Libertad y felicidad, desde un interior soberano,
Nada hay en el exterior que sea verdadero y sano,
Vida íntima, emancipación recóndita.
Místico momento, refulgencia espartana,
Gotas de ámbar fluyendo en ríos de nácar,
Rayos del entendimiento, extenuante esperanza.
Espiritualidad flamígera, liberadora de la razón humana,
Imperturbabilidad de la esencia, transmutación del alma,
Firmeza e integridad; virtud y serenidad.
Nada brilla más que la Luz de nuestra presencia
Santiago Peña
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