martes, 6 de enero de 2026

ESPÍRITU Y VACIO

 

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Sustancias decadentes; esencias sublimes,

Naturaleza esbelta; serafines celestes,

Auroras cíclicas; noches invariables.

 

Astros vacilantes en esfuerzos clandestinos,

La imposible nada reclama su presencia,

Átomos insistentes, hijos de un espacio sin contenido.

 

El lucero del alba se reserva prudentemente,

Soles temerosos no alumbran difuntos,

La perennidad no se hace vigente.

 

Tiempos confusos, cabalgando en alazanes herejes.

Pastos yermos, alimentando materia sombría.

Cuerpos aparentes, desvaneciéndose en formas inconsistentes.

 

Material extinto, en un mundo inhóspito,

Lugar de elemento desaparecido, se halla limpio,

Hálito primordial, no ocupa espacio ni tiempo.

 

El “Velo de Isis” continúa en su sitio,

Pasado, presente y futuro, todo uno,

Inmortalidad del alma, sabiduría divina.

 

Un soplo sereno ocupando la totalidad,

Lo eterno es la ausencia de materia, espacio y tiempo.

Todo, es el uno y, como la eternidad, el infinito.

 

Nada por encontrar y todo por perder,

Héroes de hierática belleza; patriarcas de la persistencia,

Pastores de rebaños extraviados, buscando al último.

 

Pasajes de una ilusoria felicidad y de un naufragio sin disimulo,

La materia nada aporta al espíritu,

Vano y más vano… y ¡nada más!

 

Espacio, en cuerpo difuso; existencia árida,

Cultivos de un pasado yermo; cosechas improductivas,

Alientos en lucha verídica, impregnados de una victoria segura.

 

Dioses del Olimpo, resurgiendo de una fe renacida,

Arcanos milenarios, seduciendo al conjunto,

La totalidad del universo en un imperceptible punto.

 

Todo comienzo tiene su fin,

La finalidad del todo converge en la unidad,

Vacíos inconmensurables; espíritu del universo, uno.

 

Cuanto más me vacío, más lleno me siento,

Principio generador, harmonía de la creación,

Espíritu y Vacío.


Nada brilla más que la Luz de nuestra presencia

 

 Santiago Peña

 

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